María Laura Quiroga

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El Futuro

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Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

Julio Cortazar

 

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¿Qué son las Caricias?

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Del mismo modo que el hambre o necesidad de alimento es saciada con comida, para subsanar la necesidad de estimulación es necesario, e incluso imprescindible, que la persona sea tocada y reconocida por los demás.La caricia es cualquier estímulo social dirigido de un ser vivo a otro y que reconoce la existencia de este.

Es un hecho demostrado (Spitz 1956) que la privación sensorial en el niño puede dar como resultado no sólo cambios psíquicos, sino también deterioro orgánico, lo que da imagen de la importancia que puede llegar a tener el entorno.
Cuando existen carencias ambientales de importancia tales como la deprivación maternal, el abandono, la falta de contacto físico, sea por las razones que fuera y en función de la gravedad, las reacciones van a ser de ansiedad aguda, de necesidad de amor, de sentimientos de tristeza, de miedo, estas emociones son demasiado grandes e intensas para las inmaduras posibilidades de control del niño y por ello van a constituir el consiguiente trastorno en su organización psíquica.

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Un fenómeno similar se observa en los adultos sometidos a la privación sensorial, experimentalmente pueden desarrollar una psicosis transitoria. Todo ello debido a que incluso a nivel biológico tiene repercusiones importantes ya que si el sistema reticular activador del cerebro no es suficientemente estimulado, pueden ocurrir cambios degenerativos en las células nerviosas. De aquí puede producirse una cadena biológica que lleve desde la privación emocional a la apatía, a los cambios degenerativos y, en última instancia, hasta a la muerte.

Es por ello que tanto biológica como psicológica y socialmente el hambre de estímulos es paralela al hambre de alimentos.
A medida que el niño crece, la necesidad de estímulos se va a transformar en necesidad de reconocimiento o caricias.

[pullquote align=”center” textalign=”centre” width=”80%”]Toda persona tiene necesidad de ser tocada y reconocida por los demás     

(William James)[/pullquote]

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Aprender a pararse (extracto del libro Mi voz irá contigo)

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Aprendemos un montón de cosas a nivel consciente y luego olvidamos lo que hemos aprendido y usamos la habilidad adquirida.

Ustedes no saben qué es lo que hacen al caminar. No saben como aprendieron a pararse. Lo aprendieron extendiendo la mano y tirando desde ella. Esa presión sobre sus manos les hizo descubrir, por accidente, que podían asentar un peso sobre sus pies. Esto es algo tremendamente complicado, porque las rodillas ceden… y si ellas se mantienen derechas la que cede es la cadera, y los pies quedan trabados. Uno no puede parase porque tanto las rodillas como las caderas ceden. Los pies se cruzan… y pronto uno aprende que debe armarse de coraje y esforzarse hacia arriba cuidando de mantener derechas las rodillas… una por vez. Cuando ya se ha aprendido eso, se debe aprender cómo mantener derecha la cadera. Para eso hay que poner mucha atención. Luego uno comprueba que debe poner atención en mantener rodillas y caderas derechas ¡y al mismo tiempo los pies bien separados! Ahora sí, finalmente, uno puede mantenerse parado con los pies separados, apoyándose en las manos.

Vino luego una lección en tres etapas. Uno distribuye el propio peso en los dos pies y una sola mano, ya que esta otra no nos soporta en absoluto. Sinceramente una dura faena… que permite aprender a pararse derecho, con las caderas derechas, rodillas derechas, los pies separados, y esta mano (la derecha) presionando fuerte hacia abajo. Después de eso uno descubre como modificar el equilibrio del cuerpo. Se modifica el equilibrio del cuerpo si uno da vuelta la cabeza, da vuelta el cuerpo. Hay que aprender a coordinar todas las modificaciones del equilibrio del cuerpo cuando uno mueve una mano, la cabeza, un hombro, el cuerpo íntegro… y después hay que aprender esto mismo apoyado en la otra mano. Entonces viene lo terrible: el formidable aprendizaje de alzar ambas manos y moverlas en todas direcciones, dependiendo solo de las dos sólidas bases de los pies, bien separados. Y manteniendo derechas las caderas, derechas las rodillas, con la atención tan dividida que se pueda repara en las rodillas, caderas, brazo izquierdo, brazo derecho, cabeza, tronco. Y por último, cuando ya se contaba con habilidad suficiente, uno intentaba mantenerse en equilibrio apoyado en un solo pie ¡era un trabajo infernal!

¿Cómo es posible mantener el cuerpo entero con las caderas derechas, las rodillas derechas, sintiendo el movimiento de cada mano, el movimiento de la cabeza, el movimiento del cuerpo y entonces adelantar un pie y alterar a si todo el centro de gravedad? Las rodillas se flexionaban… ¡y uno se caía de culo! Pero se levantaba y volvía a intentar. Hasta que a la larga uno aprendía a adelantar un pie y dar un paso… y eso parecía magnífico, así que uno lo repetía… qué bueno es. Luego el tercer paso, con el mismo pie que el primero, y allí ¡cataplum, se iba al suelo! Llevaba largo rato alternar derecha-izquierda, derecha-izquierda, derecha-izquierda. Y ahora uno podía mover los brazos hacia adelante y hacia atrás, volver la cabeza mira a uno y otro lado y seguir caminando sin prestar la más mínima atención a las rodillas derechas y caderas derechas.

Libro Mi voz irá contigo. Sidney Rosen.

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