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Del mismo modo que el hambre o necesidad de alimento es saciada con comida, para subsanar la necesidad de estimulación es necesario, e incluso imprescindible, que la persona sea tocada y reconocida por los demás.La caricia es cualquier estímulo social dirigido de un ser vivo a otro y que reconoce la existencia de este.

Es un hecho demostrado (Spitz 1956) que la privación sensorial en el niño puede dar como resultado no sólo cambios psíquicos, sino también deterioro orgánico, lo que da imagen de la importancia que puede llegar a tener el entorno.
Cuando existen carencias ambientales de importancia tales como la deprivación maternal, el abandono, la falta de contacto físico, sea por las razones que fuera y en función de la gravedad, las reacciones van a ser de ansiedad aguda, de necesidad de amor, de sentimientos de tristeza, de miedo, estas emociones son demasiado grandes e intensas para las inmaduras posibilidades de control del niño y por ello van a constituir el consiguiente trastorno en su organización psíquica.

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Un fenómeno similar se observa en los adultos sometidos a la privación sensorial, experimentalmente pueden desarrollar una psicosis transitoria. Todo ello debido a que incluso a nivel biológico tiene repercusiones importantes ya que si el sistema reticular activador del cerebro no es suficientemente estimulado, pueden ocurrir cambios degenerativos en las células nerviosas. De aquí puede producirse una cadena biológica que lleve desde la privación emocional a la apatía, a los cambios degenerativos y, en última instancia, hasta a la muerte.

Es por ello que tanto biológica como psicológica y socialmente el hambre de estímulos es paralela al hambre de alimentos.
A medida que el niño crece, la necesidad de estímulos se va a transformar en necesidad de reconocimiento o caricias.

[pullquote align=”center” textalign=”centre” width=”80%”]Toda persona tiene necesidad de ser tocada y reconocida por los demás     

(William James)[/pullquote]